Oscar Escoffié Padilla /

No porque este sea un mundo donde todo pretende ser global, los universos paralelos están ausentes.

En cada recodo de la cotidianidad subyacen, como una intimidad todopoderosa, quicios de portales densos por donde tarde o temprano todos nos perdemos al menos temporalmente.

Y quien los sabe reconocer y sin el temor que provoca su cercanía con la locura abreva de ellos, puede conseguir materia prima que enriquezca eso que llamamos “realidad”.

Ahí se halla el libro de Marilinda Guerrero Valenzuela, Escenarios de un Mundo Paralelo, que publicó la editorial guatemalteca Letra Negra, en su colección Narrativa Centroamericana.

“Niños que vuelan en pompas de jabón, mujeres que quisieran ser tubérculos, regalos inesperados que no aceptan devolución. En las ficciones de Marilinda no es necesario seguir al conejo. Una fisura en el espejo es suficiente para que la fantasía entre al espacio de la realidad y se ponga a bailar con ella”, dice en la cuarta de forros del libro la escritora Tania Hernández.

Y es que los 22 breves textos que componen el volumen son como cápsulas, no de fantasías, sino de otras realidades, realidades que por su naturaleza oblicua tienen, paradójicamente, la capacidad de obligarnos a mirarlas no sin un dejo de temor por revelar “algo” que silenciosamente hace de nuestros entornos abismos de misterio.

Se trata de un libro que toma la esencia de lo verdaderamente trascendente, y que tiene que ver con las grietas de ese muro enorme que se da por sólidamente perenne, y que es la frivolidad y el pragmatismo del mundo con todas sus inteligencias. Una obra que nos recuerda que en cualquier momento podemos gritar al estilo de Edvard Munch, por apenas un instante que descarrila repentinamente su curso.

Diponible en: http://issuu.com/letra-a-negra/docs/escenarios_de_un_mundo_paralelo/1#share

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