Milthon Puch/ Foto: Globe Studio (Agencia)

Cada 23 de abril, desde 1995, se celebra en el mundo el Día Internacional del Libro. En un país como México, donde se leen en promedio tres libros por persona al año, y en un estado como el nuestro en el que hay 500 mil analfabetas y el rezago educativo alcanza al 60 por ciento de la población, este festejo anual toma una relevancia particular, ya que se genera en un contexto educativo delicado a nivel local, estatal y federal,  y mientras se desconoce aún la política cultural a aplicar por la actual administración que preside Enrique Peña Nieto.

En este contexto Guillermo Quijas Corzo-López, director de la editorial Almadía, explicó en entrevista que “en México la celebración del Día Internacional del Libro no mucha gente la conoce, y que no genera absolutamente nada. No como el Saint Jordi en España, que son miles de libros vendidos ese día en particular”.

Destacó la existencia de diversos factores que evitan que eso suceda en México, y en Oaxaca en términos específicos, algunos de ellos los citados en el primer párrafo. Otros más: la falta de una legislación local que asigne obligaciones al Gobierno en turno para generar programas y proyectos de fomento a la lectura que repliquen en sectores cada vez más amplios de la población.

“La reforma educativa es clave para que empiece a haber un fomento a los libros y la lectura desde pequeños, pero si hay muchos temas de por medio: por un lado la publicación de literatura basura es un tema clave que es muy difícil de regular; me parece que la piratería  es un tema fuertísimo, afecta mucho a la industria editorial, y que si bien esos libros pueden venderse y leerse, le pegan a una industria que si estuviera más sólida, pudiera llegar a más lugares con mejores precios” explicó.

Otro tema fuertísimo tiene que ver con la publicación de libros por parte del estado, continuó Quijas: “el estado publica en México una cantidad de libros enorme que si eso se invirtiera en coediciones con editoriales privadas, pequeñas o grandes, habría una cantidad de libros más en el mercado, habría más ofertas y un mayor punto de ventas para librerías. Al final es más importante trabajar en que se desarrolle una infraestructura en términos de la industria del libro, es más importante trabajar en que las editoriales estén bien, al igual que la industria gráfica; las imprentas, y haya más y suficientes puntos de ventas de libros en más regiones”.

Otro problema, expuso Guijas Corzo, es que “las librerías en México están en el pueblo a ocho horas de distancia, y no están dentro de las necesidades básicas. Me parece que el trabajo en términos de infraestructura cultural en la industria del libro sería básico para empezar a generar más lectores”.

Por ahí está la ley para el fomento de la lectura y el libro, refirió,  y hay una serie de planes y proyectos, pero llevan unos tres o cuatro años de trabajo, por eso todavía le falta mucho.

Quijas indicó como ejemplo del fallido enfoque de distribución de libros que aplica la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca (Seculta) con la reciente entrega, por parte del ejecutivo estatal, de 16 mil ejemplares a las más de 400 bibliotecas que hay en el estado: “en los programas federales y estatales no llegan todos los libros a su destino, ese es el tema que implica editar en el estado, lo he visto y  hemos estado tratando de hacer una estrategia que cambie eso: lo que publica el estado se queda en bodegas”.

Estoy casi seguro, continuó,  que no se alcanzan a repartir todos, son 400 y pico de bibliotecas: “me parece que no solo es necesario que estén los libros ahí, sino que el bibliotecario tenga la capacitación necesaria para poder hacer un registro y una clasificación adecuada de los libros, que sepa para qué es cada libro y así pueda dar una orientación a la gente que llega por sí sola. Después ¿qué hacer para que la gente vaya?, para que la gente asista más a las librerías y bibliotecas; hacer círculos de lectura, eventos y todo eso cuesta, las bibliotecas no tienen presupuesto ni para comprar libros y menos van a tener presupuesto para generar eso”, evidenció.

Quijas incentivó a generar una estrategia importante en términos de fomento a la lectura y no tan cara en comparación con otras: “por un lado que las publicaciones del estado lleguen a todos lados, no solo a las bibliotecas sino también a las librerías”.

No obstante existen trabas legales para echar a andar un proyecto semejante: “todo el recurso de las ediciones las realiza el gobierno del estado, y se quedan en los almacenes porque también  su misma estructura legal no les permite a ellos comercializar, no les permiten vender libros, para supuestamente evitar cosas de corrupción; es absurdo hacer libros si no se pueden vender”.

Si ese dinero se destinara en editar e imprimir libros pero en coediciones con editoriales privadas, entonces la comercialización se la das a las editoriales privadas, y a ellos los obligas a distribuirte, aseveró.

Finalmente el director de Almadía sugirió la creación de una Ley Estatal del Libro: “cada estado debería tener una ley, porque esa ley genera un consejo y en ese participan todos los integrantes de la cadena del libro: iniciativa pública, privada, educativa, sociedad civil. Y ahí pueden ir encaminando programas que beneficien en una mayoría”.

Destacó que  no solo son programas centralizados, ya que  con esta ley se pueden regular los programas culturales: el mercado, así como la ley del precio único, “puedes regular muchas cosas que ayuden a fomentar el libro y la lectura. Y después de esa legalización ya puedes hacer muchos proyectos” finalizó.

 

Guillermo Quijas, Director de Editorial Almadía. Foto: Milthon Puch

Guillermo Quijas, Director de Editorial Almadía. Foto: Milthon Puch

 

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