• 29 de abril, Día Internacional de la Danza
  • En Oaxaca hay un movimiento de calidad en danza contemporánea, pero hace falta apoyo del gobierno

Anel Flores/ Foto: Carlos Bautista/

Salvaje, primitiva, poderosa y retadora, así es la danza para quien hace más de treinta años pautó el movimiento de la danza contemporánea en Oaxaca. Alejandra Serret, ex  bailarina, con una fructuosa carrera de 35 años, actual profesora y coreógrafa, está convencida de que, a pesar de no ser fácil vivir de la danza, en el escenario se puede retar al universo.

A finales de los años setenta y en los ochenta, la danza moderna, ahora contemporánea, comenzó a consolidarse como expresión artística en varios países del mundo (México incluido). Este movimiento se vio reflejado en 1982, cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) eligió el 29 de abril para celebrar el Día Internacional de la Danza, haciendo alusión a la fecha del  natalicio de Jean Georves Noverre, creador del ballet moderno.

En México, a principio de  los ochenta, como consecuencia del denominado “milagro petróleo” en el gobierno lopezportillista, el acceso a la “cultura de élite” por parte de las clases medias se acrecentó. El “milagro” implicó una derrama económica en diversas áreas del arte y la cultura, entre ellas la danza escénica mexicana, paradójicamente en la “década perdida” de los años ochenta, su producción (en especial de la danza contemporánea, creció). Tal como lo señala Margarita Tortajada, teórica del arte, y analista de la historia de la danza mexicana.

Más de 30 años de danza contemporánea en Oaxaca

Invitada por el maestro Rufino Tamayo y la escuela de Bellas Artes de Oaxaca, Alejandra Serret Bravo, originaria de la ciudad de México, viajó a la ciudad de Oaxaca en 1982 para crear la Compañía Estatal de Danza Contemporánea, perteneciente al gobierno del estado. Con el talento y la experiencia previa de haber fundado la licenciatura en Danza Contemporánea en Nuevo León, Serret, la Compañía y los talleres que se imparten en la escuela de Bellas Artes se han convertido a lo largo de 30 años en la cuna de más de 150 bailarines que han emigrado con éxito a otras partes del país, o se han quedado para producir danza en el estado.

“La importancia de los 30 años de la Compañía es que de aquí han partido quienes ahora representan el movimiento de la danza en Oaxaca; eso quiere decir que aquí les hemos despertado la disciplina y entrega por la danza”. Señala Serret.

Amor a la danza y amor a la vida

  ¿Qué se necesita para ser una bailarina o bailarín de danza contemporánea?

― Alejandra Serret, confiesa a pregunta expresa―: “Que te enamores de la danza, si te enamoras, dejas todo”.

Los prejuicios familiares y la presión de la familia, como señala Serret, pueden convertirse en un impedimento para que jóvenes con talento inicien su vida a partir de la danza. “En general se piensa que es un hobby y no una profesión única. Cuando preguntan “¿a qué te dedicas?” y tú respondes: “a la danza”, lo siguiente es: “aja, pero a qué más…”.

Alejandra considera que para vivir con la danza es necesario disfrutar. “Hay muchos bailarines absorbidos por la disciplina y eso en extremo puede ser frustrante. Si no disfrutas la vida, puedes convertirte en un bailarín sin expresividad, porque cuando tú bailas, quien se expresa es tu ser”.

A Serret el amor por la danza le vino de su tía Guillermina Bravo, fundadora del Ballet Nacional de México y pionera de la danza moderna: “yo iba mucho a sus funciones de niña y cuando tenía 16 años, recuerdo perfectamente, voltee al foro y vi a Antonia Quiroz bailando una coreografía de Guillermina que se llamaba Montaje. Para mi fue como un rayo que me partió, en ese momento decidí que me quería dedicar a esto. Estudié tres años con ellos y después entré a su compañía”.

Sobre la primera vez que Alejandra bailó en un escenario, rememora: “Estaba cerrado el telón, porque primero empezó la música, yo formaba parte del coro con otras tres bailarinas, en donde estaba pude ver al público y ya me quería ir de ahí, pero tomé valor y después de la primera parte ya estaba yo feliz. Bailar me dio mucha  identidad, yo ahí era yo, yo ante un público”. Otra de las experiencias extraordinarias para Serret sucedió en España, “en un foro de Madrid”, recuerda: “era una obra que se llamaba Caleidoscopio, mientras bailaba me sentí muy poderosa en ese momento, como retar al universo, retar a todo mundo, una sensación increíble, me sentí como un caballo salvaje”.

El público cumple una función muy importante en la edificación de la danza, sugiere Alejandra: “ha sido muy importante para mí bailar en las comunidades de Oaxaca donde por primera vez ven un espectáculo de danza contemporánea. La danza lleva al público a una catarsis y a emociones a otro nivel, es muy visceral, porque el impacto es orgánico, de cuerpo a cuerpo”.

Es difícil vivir de la danza, se necesita más apoyos del gobierno

En un país donde ejercer como profesión cualquier tipo de arte puede resultar desfavorable, cabe la pregunta: ―Alejandra, ¿se puede vivir de la danza?

Se puede vivir de la danza, pero es difícil, hay que luchar, hay que ser gestor y tocar puertas”. Apunta.

“Es muy importante que las instituciones del gobierno apoyen más, pero a un nivel más ambicioso, por ejemplo, tenemos la promesa de que el año que viene se inaugure el Centro de Danza Contemporánea y Coreografía (CDCO), proyecto encabezado por el coreógrafo y bailarín Rolando Beattie, y empezar una escuela profesional con diplomados, laboratorios. Es muy importante hacer ya una licenciatura en Oaxaca”.

Serret se pronuncia por que los funcionarios “volteen a verlos”. “Es importante que ya estén los funcionarios de nuestro lado que nos apoyen presupuestalmente, que nos incluyan en los festivales que se realizan aquí. Seculta (Secretaría de las Culturas y  Artes de Oaxaca) no nos incluye porque creen que es más atractivo la danza costumbrista; hay un arte contemporáneo que constantemente hace obras, el folclor es maravilloso, pero siempre es lo mismo. La compañía tiene bastante proyección a nivel del país y ya hay un movimiento de danza contemporánea que cada vez crece más”, finalizó.

“La danza le habla a la tierra y al cielo”

Todos los años una personalidad de renombre mundial en la danza redacta un mensaje, para este año lo ha escrito el coreógrafo taiwanés Lin Hwai-min, fundador y director artístico de la Cloud Gate Dance Theatre de Taiwan.

En su mensaje, difundido por la UNESCO a todo el mundo, Lin Hwai-min dice:

“Está escrito en el Gran Prefacio del Libro de las Odas, antología de poemas chinos que datan del siglo décimo al VII antes de JC:

Las emociones se mezclan y se materializan en palabras. Si las palabras no alcanzan, hablamos con suspiros. Si los suspiros no son suficientes, las cantamos. Y sin los cantos no lo logran entonces, inconscientemente, nuestras manos las danzan y nuestros pies marcan su movimiento”.

Y agrega Hwai-min: “La danza es una expresión poderosa. Le habla a la tierra y al cielo. Habla de nuestras alegrías, de nuestros miedos y de nuestros deseos. La danza habla de lo intangible; revela el estado espiritual de una persona y los temperamentos y personalidades de la gente”.

 

Foto: Carlos Bautista

Foto: Carlos Bautista

 

 

 

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