°Si los tatuajes son marcas en la piel que representan algo, la idea es encontrar un mantra personal en ellos; una imagen que les resulte inspiradora, sanadora, empoderadora: Cecilia Fernández

Milthon Puch y Rocío Flores/ Fotografía: Poe

En México, estéticas alternas como el tatuaje aún cargan con algunos estigmas y prejuicios derivados de un enfoque que criminaliza a quienes portan diseños en el cuerpo. Lo cierto es que pese a que es estigma, historia o moda, los tatuajes han desarrollado una nueva forma de mirar el cuerpo, de construir una historia interna con los propios símbolos.

Investigadores del tema en nuestro país como Edgar Morín y Alfredo Náteras, entre otros, buscan abonar a su comprensión, así como profesionales de otras áreas sociales a través de sus letras y experiencias contribuyen a una mejor lectura de este acto que para algunas personas representa una manera de apropiarse de su propio cuerpo.

Sobre el cuerpo

Es en el cuerpo donde jóvenes y personas adultas, a través del tatuaje, experimentan y resignifican su imagen, su identidad; a decir de las personas entrevistadas, es “una marca de identidad y pertenencia, tan personal como un retrato”.

“Es un rito de apropiación de mi cuerpo. Es decir, sin decirlo: ‘mi cuerpo es mío, me pertenece y lo honro de la manera que yo quiero’. Mis tatuajes son una manera de honrar mi propio cuerpo, es una manera de ‘vestir’ mi piel con símbolos que me significan y resignifican en mi andar”.

“Es un acto de valentía, un doloroso rito que te comunica con tu cuerpo, que crea un vínculo en el que le solicitas amorosamente que cambie y acepte algo nuevo y permanente”.

Tatuajes

En la antigüedad el proceso del tatuaje era mucho más elaborado que ahora, ya que tenía un carácter significativamente más ritualista que en el mundo contemporáneo. Entre los pueblos primitivos tatuarse no tenía nada de transgresor, sino que constituía un signo de integración social. Los maoríes de Nueva Zelanda, por ejemplo, solían tatuarse la cara como un signo de distinción. El dibujo, llamado Moko, hacía a la persona única e inconfundible. En Egipto era una práctica muy común desarrollada principalmente por mujeres.

El tatuaje constituye un capítulo en la historia de los rituales, en los emblemas nobiliarios y guerreros; maneras de proteger el alma de los cuerpos. Para algunas civilizaciones en América del Norte, el tatuaje constituyó un ritual de paso. Con el tiempo, los tatuajes se han mantenido en las sociedades y sus significados son diversos.

El siguiente testimonio muestra la cantidad de simbolismos que puede contener un tatuaje: “Es bien amplia la gama de causas por las que la gente se tatúa. Hay gente que lo hace por devoción y se tatúa imágenes religiosas. Hay gente que lo hace por amor, por tener el recuerdo del familiar que tal vez falleció u otro que todavía viva. Hay gente que igual lo hace por moda. Otros que sencillamente se quieren dar gusto y dicen: ‘no, pues me late y ya’. No hay un sentido profundo. Hay gente que inclusive hace mandas en la iglesia y cumple; vienen y se tatúan, y esos se me hacen bien chidos. Yo no lo haría, porque yo tampoco profeso ninguna religión, pero se me hace chido porque contradice la falsa idea que tiene la gente de que todo el que se tatúa, o la mayoría, lo hace por rebeldía o por cuestiones negativas.

El testimonio de Neto, nos describe lo que en numerosas ocasiones escuchamos decir: “los tatuajes en el cuerpo son mal vistos, solamente los usan los reclusos y los ladrones”. Esta visión ha sido dominante en nuestra sociedad y ha estigmatizado a los individuos que los portan, sobre todo cuando desconocemos de dónde surgen, si representan un valor sagrado o simplemente estético. (1)

No obstante, existen también otras visiones más prácticas que relacionan los tatuajes con otros contextos, con otros símbolos, con otras historias.

Los tatuajes como marca de individualidad

Los símbolos abstraen la esencia de algo: si una imagen puede estar cargada de tanta historia y significado, transmite ideas completas. Hay un propósito detrás de ello: marcar una individualidad. Tal es lo que responde Cecilia Fernández al preguntarle por qué las personas deciden tatuarse.

Fernández realizó en abril el taller Tatuaje y poesía: el lenguaje de los símbolos, impartido en la BS Biblioteca Infantil, el cual fue dirigido a adolescentes. La intención de Fernández es generar detonadores: “los chavos van construyendo el taller con sus propias opiniones, experiencias y perspectivas”.

“A nosotros nos tocó una interrelación entre la anterior generación y la de ellos, y los chavos de ahora ya están más adaptados a estos temas”, continuó. “Aquí plantee una perspectiva histórica, sin casarme con algún prejuicio.

”La idea es dar lugar al debate: la relación entre tatuaje y poesía es precisamente el símbolo, así que los chavos expresan su opinión, ya que a esa edad no tienen un espacio para poder dar a conocer sus perspectivas más que en sus propios círculos de amigos, en su Face o su Twitter”.

Fernández, sicóloga de profesión, quien trabaja desde hace un año en la coordinación pedagógica de la BS, aseguró que el metalenguaje que está detrás de los tatuajes yace cargado de símbolos, de significados que a nivel histórico o cultural tienen un impacto; “ahora, en una época posmoderna, con su carga histórica, se vuelven algo muy personal”. “Si los tatuajes son marcas en la piel que representan algo, la idea es encontrar un mantra personal en ellos; una imagen que les resulte inspiradora, sanadora, empoderadora”, resaltó.

“Incluso en la historia de los tatuajes te das cuenta de que no hay diseños iguales: eran símbolos de respeto, de valentía o de madurez, y entre más tatuajes se tenían te asignaban un mayor rango dentro del grupo social. Una manera de reafirmarte como una persona única”, señaló Fernández.

El origen del tatuaje, agregó, se remonta a la tribu maorí, localizada en la Polinesia, en lo que hoy es Oceanía, y su propagación se le atribuye al capitán inglés James Cook, descubridor y conquistador de Australia, Nueva Zelanda entre otros centenares de islas. Instante desde el cual se comenzaron a popularizar los diseños entre los marines.

Fernández aseguró que la mala imagen que se tiene en la actualidad de las personas que los portan se debe, en gran medida, a la fama de los conquistadores europeos que arribaban a América, muchos de ellos delincuentes que huían en busca de otra vida.

“El tatuaje adquiere mucha fuerza en los 60 y 70 con los hippies, y es justo ahí cuando los diseños se empiezan a llenar de colores y adquieren detalles más artísticos”, compartió. “Luego, en los 80, con el movimiento punk, metal y los rockers, etcétera, el tatuaje lo han retomado sectores de la población que de alguna manera son marginados —se marginan ellos o la sociedad los aparta”.

Finalmente aseguró que el tatuaje siempre va a marcar a la persona, ya sea como alguien de respeto o como alguien peligroso, “o como en Japón, que era un símbolo de desprecio”. “Hay algo que queremos quizá establecer o dejar claro acerca de nosotros, ya sea desde el aspecto estético o un ideal, mis convicciones, mis creencias, mis gustos, pero queremos marcar una diferencia”.

Dato: En la ciudad de Oaxaca, entre algunos otros establecimientos, puedes tatuarte en:
Éxodos Tattoo y piercing, ubicado en el interior de Plaza Santo Domingo, sobre el Andador Turístico. Tatuador: Paco. Cel: 951 188 42 46. Correo electrónico: exodos_tatwo1@hotmail.com.

La Tinta, en Plaza Independencia, entre Macedonio Alcalá y 5 de mayo, a media cuadra del zócalo. Tatuador: Eder Hernández. Cel: 951 185 96 73.

Macedonio Alcalá 201 int. 204, entre Morelos y Matamoros sobre el Andador Turístico. Modificador corporal: Yahir Hernández. Cel: 951 114 47 18.

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(1) Porraz Gómez, Iván Francisco, Morín, Edgar y Alfredo Nateras (coord.) (2009)
Tinta y Carne, México, D. F.: Editorial Contracultura.
Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=74524865013
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Porraz Gómez, Iván Francisco

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