TEXTO Y FOTO: ABRAHAM A. RASGADO GONZÁLEZ

MÉXICO, DF.- …Después de la marcha para protestar por el primer informe de gobierno de Enrique Peña Nieto, el domingo pasado, los integrantes de la Coordinadora Nacional de la Educación (CNTE) regresaron a su campamento, con la noticia de que la Cámara de Diputados se encontraba ya, con carácter de urgente, “discutiendo” y prestos a aprobar la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD).

En años anteriores la instalación del periodo ordinario de sesiones, que coincidía con el informe de gobierno, era usado como besamanos del presidente; después, fue un día de agitada actividad antipresidencial (no se dejó entrar a Fox a su último informe, ni a Felipe Calderón en sus seis años de gobierno, y ahora Peña Nieto no pudo acudir al Congreso a cumplir con el trámite). Este 2013, ese día —cosa rara— evidenció la enfermiza premura por aprobar una ley que cuenta con el repudio del magisterio agrupado en la CNTE y, ahora vemos, también al SNTE (el sindicato unido al oficialismo) no le pareció y salió a las calles a protestar, con amenazas de descuentos y todo.

Como muchas de las leyes que no cuentan con ninguna clase de consenso real de los que afectará directamente, la LGSPD fue aprobada en las penumbras, bajo el cobijo de la noche que le resta claridad a cualquier acuerdo. Eran las 23:30 horas. Así, el primer día de sesiones, aprobaron esa ley. Quisieron los diputados objetar a los que dicen que son tardos y perezosos.

En el plantón del Zócalo, una radio magisterial en el exilio instalada en ese campamento, bajó el sonido del Canal del Congreso, y mediante una bocina, transmitió en vivo ese “albazo” legislativo. Enojo. Mentadas. Decepción. ¿Qué sigue? Continuar la lucha, no hay de otra. “De aquí no nos movemos”. En la CNTE no hay derrota.

Y continuaban los apresuramientos: aprobada en la cámara de origen (Cámara de Diputados), fue turnada a la cámara revisora (Senadores). Si hubo algún argumento en contra de la aprobación de la LGSPD, no importó, la decisión estaba tomada, como toda buena imposición, sin escuchar a nadie más que a los que verdaderamente mandan hoy: los empresarios y los organismos financieros internacionales y sus personeros. Las dos cámaras amuralladas, con un miedo evidente a un sector importante de la población; importante no por su número (que de todos modos es significativo), sino por su organización y capacidad de respuesta. Fue aprobada con todo y las protestas. Todo el poder del Pacto por México y sus concertacesiones.

Es increíble la nota de La Jornada en la que se consignan las presiones y las amenazas a los legisladores que se atrevieron a decir alguna objeción a la dichosa ley.
“Por los chuchos, sus líderes Jesús Ortega y Guadalupe Acosta Naranjo advirtieron a los inconformes que sus carreras políticas podían ser torpedeadas si persistían [en votar en contra de la LGSPD]. También, Silvano Aureoles amagó al diputado oaxaqueño Carol Antonio Altamirano, al que atribuyó haber filtrado el compromiso del coordinador del PRD en favor de la reforma”. Algunos diputados que se oponían a esta contrarreforma educativa, intentaban parar la aplanadora del PRI-PAN-PVEM-Panal-PRD con procedimientos y prácticas parlamentarias dilatorias, o subiendo a tribuna a dejar algunos argumentos que intentaban demostrar la afectación a los derechos adquiridos de cientos de miles de trabajadores magisteriales. El PRI, en voz de la diputada Rebeca Terán, respondió: “¡No es cierto! ¡Pendejooooo!”. No atinaban a decir nada más los priístas. Andaban finos en sus razonamientos.

El miércoles, marcha de la CNTE, pero ahora ya no sólo marcharon los históricos (Oaxaca, Michoacán, Chiapas), ahora se unieron 22 estados desde sus lugares de origen. Y el magisterio del Estado de México, históricamente afín a Elba Esther, desafió también las amenazas de la SEP y de la dirigencia del SNTE.

En punto de las diez de la mañana, en impecable “operación hormiga” (como le llaman a la llegada a un punto de reunión de los manifestantes, pero cada quien por su lado) los profesores, acompañados también del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), estudiantes normalistas, de la UNAM, del Poli, de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros… llegaron al Auditorio Nacional, de donde partieron hacia el Senado, en el cruce del Paseo de la Reforma y la avenida de los Insurgentes. La vanguardia ya iba llegando al Senado, y la parte trasera aún no iniciaba la marcha en el Auditorio Nacional. Tanta fue la asistencia.

Al frente de la descubierta venía un cristo y su verdugo, denotando la situación por la que está atravesando el magisterio hoy día: azotes y denuestos mediáticos; sangre, llanto… todo un viacrucis social.

Frente al Senado, la marcha se detuvo una hora. Allí se realizó el primer mitin, denunciando el papel de los ocupantes de ese inmueble en esta nueva imposición. Los senadores, así como los diputados, el presidente de la República y en general los políticos de todos los partidos, no han propuesto absolutamente nada para lograr la tan cacareada “calidad educativa”, sino sólo fueron los portavoces de los intereses empresariales en el Congreso de la Unión: obedecieron no a sus representados, sino sólo a los empresarios.

La marcha continuó hacia la Secretaría de Gobernación, en Bucareli. Al llegar y debido al tamaño de la manifestación (se calculan más de 500 mil asistentes), la Segob tuvo que recibir a una comisión de la CNTE. Y como siempre, el poder parapetado tras vallas y cientos de policías armados hasta los dientes. En un instante, dos acciones que los maestros consideraron como provocaciones se dieron casi simultáneamente. La primera, fue cuando un joven se trepó a las vallas colocadas frente al Senado. Los maestros mismos lo bajaron y lo acusaron de provocador. La segunda acción fue frente a las rejas colocadas para proteger las instalaciones de la Segob, cuando algunas personas comenzaron a zarandear las rejas. Los ánimos se caldearon, y los granaderos tomaron su posición para comenzar a arrojar gases lacrimógenos a los manifestantes. Un maestro mediante altavoz llamaba a reorganizarse. No pasó a mayores tampoco y decidieron rodear las instalaciones donde despacha Miguel Ángel Osorio Chong, y adonde habían entrado los líderes de la CNTE. Se escenificó la crucifixión del magisterio en seguida.

Mientras tanto, en el plantón del Zócalo, los maestros estaban indignados. Se sienten cansados pero no derrotados. Una maestra que acababa de llegar de Zacatecas, relató cómo su autobús fue detenido por la Policía Federal, los bajaron y comenzaron a pedir identificación a cada uno: metían sus datos a una computadora para “comprobar que no tuvieran órdenes de aprehensión”. Allí los mantuvieron seis horas, pero nadie dice nada de esos bloqueos, de esas violaciones a las garantías constitucionales. Verdaderas transgresiones a la libertad de tránsito de los mexicanos.

¿Crees que ya deberían levantar el plantón?, le pregunto a una maestra de preescolar del sector Salina Cruz. No, me responde inmediatamente y sin titubear. Me cuenta que extraña a sus dos hijos que dejó con su mamá. Me salí a la terminal cuando ellos estaban durmiendo, para que no se dieran cuenta que me iba a ausentar durante muchos días, me narra. Hoy hablé con ellos. Saben que estoy en el plantón: tápate bien, me dijo mi hija. Se me salieron las lágrimas, me cuenta.

¿Cuántas historias más debe haber en este enorme plantón, en donde se calcula la presencia de más de 40 mil maestros?
Habitantes de la Ciudad de México llegan a preguntar “¿en dónde podemos entregar estos víveres?” Los canalizan a la mesa central, desde donde se distribuye la ayuda a las regiones que conforman el plantón de la Sección 22. Otros llegan con comida, como los trabajadores del hospital Manuel Gea González, quienes acudieron con hoyas de comida y bolsas de pan para apoyar a los maestros en lucha. Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que llevaban agua y productos para sobrevivir en el campamento. Una ciudad solidaria se dejaba sentir.

Ya cayó la noche, una noche más en esta gigantesca casa de lucha. La CNTE resiente el cansancio, y sin embargo, a cada momento ratifica su voluntad para continuar la lucha hasta vencer. Ya cayó la noche.
“Escucha usted Radio Educación y Resistencia desde el corazón del Anáhuac”. La radio magisterial en el exilio pone ahora unas bonitas cumbias. Ya es de noche y los maestros se dan tiempo para echarse una buena bailada, saben que no deben caerse, saben que de ellos depende mucho del futuro de México como país soberano. Lo saben, y se ponen a bailar, para recordarnos que están allí por muchas razones, una de ellas es por amor. Por el amor a todo lo que significa la escuela pública en México.

La lluvia ha llegado con el frío. Los maestros se refugian bajo sus tiendas de campaña. Unos sacan sus libros, revistas o periódicos. Otros se ponen a charlar. Algunos más sacan sus juegos de mesa. Las luces están apagadas en la Plaza de la Constitución. La lluvia suena y el frío cala. ¡Venceremos!, se escucha desde el plantón. Saben, confirman, que están hechos para vencer.

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