*La historia de ellos maravilla, es de admiración, niñas y niños indígenas que a su corta edad no imaginaban salir de su comunidad por toda la tradición y conflictos que ahí imperan

Adán Sandoval/

Santo Domingo, República Dominicana.- La historia puede ser tan común que puede dejar de asombrarnos y más porque nos hemos habituado a los relatos de fracaso, de la violencia y cuando eso sucede perdemos la capacidad de fascinación.

Convivir con ellos, que las niñas y los niños triquis te permitan ser parte de su cotidianeidad no tiene par, puede ser sentimental, hasta cursi, pero estar con ellos durante cinco días, ver como se transforman al pisar una duela, al tener el balón naranja en las manos, sencillamente es sorprendente.

República Dominicana es un país con una economía en desarrollo, la colonia mexicana es bien apreciada y su economía supera en mucho a la media de este país, y cuando se enteraron que ese famoso grupo de triquis, niños indígenas que han causado una revolución no dudaron en buscar las sedes en donde jugarían para irlos apoyar.

La historia de cada uno de estos jovencitos que son dirigidos por el Profesor Sergio Zúñiga sorprenden a cualquiera, ellos han sido testigos de mucha violencia, que permanecido de generación tras generación, Melquiades Ramírez, Tobías de Jesús, Bernabé de Jesús Martínez son de los niños que a sus 10 y 11 años asombran por sus cualidades técnicas, por su inteligencia para jugar.

Destacar a un solo jugador es injusto puede ser Melquiades, a quien en algún tiempo lo conocieron como “Kevin” a razón por el jugador de la NBA Kevin Durant, uno de los jugadores a quienes admira; ‘Mele’ en verdad vuela, pide el balón en los momentos más álgidos, defiende, dirige, y cuando es necesario juega durísimo.

Tobías, quien es un zurdo de mucha inteligencia, que bien puede colar y anotar, que hacer un pase por la espalda, es de lo que más carisma tiene, ojos vivarachos, atento en lo que sucede en la duela, y le sobra templanza para los momentos álgidos.

Bernabé, “El Sonrics”, un chaval de 11 años quien a pesar de lo duro que le jugaron, por no decir sucio, siempre se levantaba con una sonrisa a ganar rebotes, a marcar puntos, un basquetbolistas completísimo a una edad tan temprana es admirable.

Y qué decir de las niñas, Deysi y Ximena  Martínez, han crecido a pasos agigantados, a principios de año en el viaje a Monterrey en el torneo del YBOA su mundo cambió (dejó  de ser el de un compromiso de casarse a edad temprana, de sufrir violencia), en aquella ocasión en la que  viajaban con su ropa en bolsas de plástico, hoy visitan República Dominicana para ganar todos sus juegos y ser campeonas.

Ya no están alejadas de sus compañeras de equipo, apartadas, observantes, silenciosas, hoy ríen, hablan, juegan, hoy son campeonas porque en la cancha son de hierro, porque tienen otra historia.

La historia maravilla, es de mucha admiración a estos infantes  indígenas que a su corta edad no imaginaban siquiera salir de su comunidad, su proyecto el de la ABIM los ha llevado a pisar suelo extranjero, como el dominicano en donde fueron arropados con interminables muestras de cariño.

¡Sí! cada uno tiene una historia, pero la más interesante es la barrera que han roto a pasos agigantados para ser punto de reflectores en todo México y de todo el mundo.

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