By comelibros.com.mx

Cuentan los que cuentan que Frank Tashlin, dibujante  de Walt Disney y escritor de guiones de películas de Laurel y Hardy, decidió escribirle una historia de un oso, con unas ilustraciones magníficas, a su hija Patricia Anne que poco a poco crecía y  dejaba de ser niña.

Frank le contó la historia de un oso que un día se dio cuenta que el invierno estaba por llegar. Siguiendo los instintos de su naturaleza buscó alguna cueva para dormir hasta la próxima primavera. Cuando salió de su refugio, después de tres meses de un profundo sueño, aún sin despertar del todo, se encontró con que se había instalado una inmensa fábrica alrededor de su cueva. Se quedó impávido en medio de la fábrica hasta que un furioso capataz le exigió que se pusiera a trabajar.  El oso le dijo que él no podía trabajar porque era un oso, pero el capataz le refutó diciendo que él no era un oso, era un hombre tonto, sin afeitar y con un abrigo de pieles, y que jamás había oído semejante excusa para no trabajar.

Al no hacer entrar en razón a ese oso recurrió a toda la interminable y vertical jerarquía de la fábrica para que lo convencieran de que era hombre, por lo tanto debería de trabajar sin descanso. Resignado pensó que si todos le dicen “que es un hombre tonto, sin afeitar y con un abrigo de pieles”, entonces “es un hombre tonto, sin afeitar y con un abrigo de pieles”.  Así, el oso trabajó y trabajó durante meses hasta que un día la fábrica cerró y despidieron a todos. Sin saber qué hacer y sin saber ya quién era, se puso a vagar por el bosque hasta que se le ocurrió ver hacia el cielo y descubrir que unas aves volaban hacia al sur, las hojas de los árboles caían y empezaba a hacer mucho frío. El oso, solo, sin gente que le diga quién es, debía de tomar una decisión, es entonces que…

No, no te voy a contar toda la historia, pero si te voy a decir que Frank no sólo escribió un mensaje de cómo se transforma la vida de los animales salvajes con la imposición de una fábrica en su entorno, también hay una historia de reafirmación de la identidad y de la confusión de la vida diaria. Frank no sólo le regaló la historia de un oso confundido a su hija, sino que le regalo la promesa de que él siempre seguiría siendo un oso para ella.

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