Rocío Flores/Foto;JLP

OAXACA, Oax. Unos cuantos metros antes de llegar a la valla metálica que bloqueaba el paso hacia la sede de la evaluación docente en Oaxaca, el sonido del altavoz cobra fuerza y hace eco en los aproximadamente 6 mil profesores y profesoras  de la Sección 22 que han marchado casi tres horas para manifestarse contra el examen.

¡Solo con vallas pueden detener la manifestación de protesta contra la evaluación! ¡la reforma educativa está muerta y aquí la estamos sepultando! gritaban. De frente, a unos 20 metros, el primer filtro de seguridad (en la Carretera Federal 190, a la altura del cruce de avenida Ferrocarril, en Tlalixtac) un muro provisto por    las fuerzas federales divide a los docentes y  a los más de 5  mil elementos policíacos que anunció el Instituto Estatal de Educación Pública (IEEPO) que resguardarían la Ciudad Administrativa, el complejo de oficinas públicas sede de la evaluación.

Al frente del magisterio su líder sindical Rubén Núñez Ginez, del lado de las fuerzas federales, José Luis Solís López, el comandante Espartaco, ambos fuertemente  criticados durante las protestas sociales, al primero por su debilidad ante los embates  al magisterio y al segundo criticado por su “destacados” operativos para desalojo de manifestantes en diversos puntos de la República Mexicana.

“Quieren justificar el despido masivo con una evaluación, no entienden que sino están las madres, los padres, los maestros y las maestras, sino están los  interesados una reforma educativa no es posible” se escuchaba en la voz de la dirigencia; al fondo un mensaje para los federales se sobreponía, los ánimos comienzan a calentarse y  los momentos de tensión son más álgidos, frente a la valla ya hay personas encapuchadas con bates y piedras  ¡si hay que evaluar con Peña  hay que empezar! ¡Oaxaca no es cuartel fuera Ejército de él! ¡con el pueblo bien chingones, con el narco maricones! ¡asesinos! ¡asesinos! ¡con el pueblo bien chingones, con el narco maricones! se escucha insistentemente.

Dos o tres más enardecidos han comenzado a lanzar piedras y botellas de refrescos al calor de las consignas ¡con el pueblo bien chingones, con el narco maricones!  (la más repetida) se escucha mientras viene un estruendo, otro y otro, más de 10 en total como respuesta, gases lacrimógenos, cohetones y piedras comienzan a avasallar (nos), y a correr… ¡no corran compañeros! ¡calma calma! pero nada, la segunda gresca está comenzando, -la primera había ocurrido casi al amanecer- y todos corrían (mos)  por donde pueden (mos) unos cubiertos con trapos, unos nomas corriendo sin rumbo.

Se mantienen en la trifulca reporteras y reporteros dispuestos con equipo “especial para cubrir movimientos sociales” cascos, máscaras antigases y la adrenalina necesaria, además claro de los más aguerridos del magisterio que se han rebelado al acuerdo de Asamblea de una protesta pacífica y  quienes minutos antes, frente al cerco policial han calculado cuantas bocinas de sonido estridente, dispersadores de gas, lacrimógenos y  hasta cuantas tanquetas hay del lado los que todavía llaman pefepos.

Dos reporteros son alcanzados por los gases, con los ojos cerrados corren por las calles laterales, donde también ya estaban se alistan más de mil policías para entrar en acción, sugieren al grupo reporteril mejor retirarse en el entendido de que en cuanto les dieran la orden no habría distingos, ni entre reporteras, a quienes le sugieren “mejor regresen a sus casas”.

Pasado el caos, 20 minutos después  viene  la “negociación” entre la dirigencia sindical y Policía Federal, ambos se repliegan; los que antes lanzaban gases anuncian: “ respetamos su derecho de manifestarse, respetamos sus derechos humanos ” pero advierten que no pueden cruzar la línea que han marcado en resguardo a quienes ya están frente a las compus haciendo su evaluación.

De lado de la 22,  la base reclama a la dirigencia: ¡los queremos al frente! ¡al frente  y adelante!

Y ante el reclamo, Ginez y Villalobos Ricárdez reorganizan la protesta, el primero visiblemente decaído, mientras que Ricardez pretendiendo levantar una protesta que solo 20 minutos después de los gases lacrimógenos parece ya disuelta, a pesar de que se decide instalar un plantón en plena carretera federal.

Casi al tiempo, el Instituto de Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) envía a las redacciones de periódicos y medios electrónicos un comunicado que anuncia que la evaluación de las 5 mil personas sustentantes transcurría sin contratiempos en el complejo de oficinas administrativas, a unos 500 metros del enfrentamiento.

En entrevista Núñez Ginez informa que del lado de la Sección 22 sólo habrían acudido 6o compañeras o compañeros pero aclara: “si es que verdaderamente se presentaron fueron por medidas de presión, incluso de represión”.

Los demás compañeros que fueron notificados, según versiones de Ginez, han dejado plantados al IEEPO pues no se presentaron a la evaluación por un acuerdo de su asamblea estatal.

En los chats de maestros y maestras comienza a circular  la versión de que los sustentantes, supuestos profesores y profesoras, no son tales, sino personal de confianza del gobierno del estado que fueron llamados a “evaluarse” bajo amenaza de perder el empleo.

La  prensa tampoco accede  al lugar.

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