Rocío Flores

Foto: Rosa Beatriz Morales

Es un día lluvioso en la capital de Oaxaca. Los colores del papel picado en algunos techos sobresalen en este día gris. Paraguas y plásticos cubren parte de la húmeda cantera de la calle Macedonio Alcalá, que en 1985 se cerró al paso de los vehículos para convertirla en vía peatonal.

Ahí se ubica una Casa Antigua de finales del siglo XVII que de 1992  a abril de 2021, alojaba al Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) hasta que la Asociación Civil Amigos del MACO lo cerró el 10 de abril sin aclarar el motivo y su destino. También sin pagar la deuda contraída con su plantilla laboral. 

Frente a esa casona, algunos trabajadores cuentan que van por su cuarta audiencia del juicio laboral que emprendieron, pero que “los amigos del MACO” no parecen dispuestos a dialogar, mucho menos a pagar.

Junto al inmueble en el que se inscriben las letras del MACO, también se movilizan artistas, músicos y gestores culturales para exigir a quienes tengan la autoridad y responsabilidad, garantizar la continuidad de ese espacio  cultural, en todos sus aspectos: expositivo, curatorial, administrativo, laboral y desde luego legal.

El objetivo es conservar el MACO y su vocación cultural y apoyar a los trabajadores que por enésima vez, exigen a los Amigos del MACO cumplan con su obligación patronal.

Hoy es un día inusual. Es fin de semana. Antes de la pandemia por Covid-19, en esa zona brillaban las tubas y sus sonidos acompañaban las calendas que anunciaban la fiesta. 

Pero este día, aun con pandemia, se escucha en altoparlantes un reclamo de decenas de artistas: “necesitamos un espacio de acceso libre que brinde la oportunidad de disfrutar y generar ideas en el encuentro entre el arte y el público”.

También esta tarde, sobre esa vía peatonal circulan policías en motopatrullas y a su paso el sonido de los equipos de radiofrecuencia y teléfonos celulares que usan para reportar a sus superiores la actividad.

“El MACO es mucho más que un inmueble catalogado, ha sido un detonador de la actividad cultural de la ciudad y el estado”, recuerda la comunidad artística mientras lee su pronunciamiento en contra del cierre del museo y el maltrato a los trabajadores, a quienes desalojaron  y aún adeudan más de un año de salarios.

“Hacemos el llamado a quienes corresponda, a solucionar lo antes posible su situación ya que se trata de un derecho fundamental”, insisten.

Citan el artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que a la letra dice:

“Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana…” y reiteran su exigencia a quienes tienen  el comodato del lugar.

Del museo ubicado en el número 202 de  la calle de Alcalá  destacan su vocación formativa en la apreciación y conocimiento del arte contemporáneo en una zona, donde, refieren, difícilmente se podía conocer este tipo de propuestas artísticas.

La calle donde ahora protestan la comunidad artística y los trabajadores del museo, aloja otros edificios históricos y casonas del siglo XVII, XVIII y XIX, similares a la del museo, que en algún tiempo  fueron espacios culturales y ahora fueron convertidas en galerías y hoteles que dan plusvalía al lugar.

Macedonio Alcalá es la vía peatonal más transitada por el turismo nacional e internacional. En los últimos meses ahí se rehabilitaron edificios con mayores alturas que las existentes, aumentaron las terrazas y en calles cercanas ahora hay algunos hoteles de esos que en Arquitectura llaman hoteles boutique, un concepto de alojamiento que se da en zonas de interés arquitectónico o patrimonial, es decir, ha pasado por un proceso de transformación al que llaman gentrificación, que con el tiempo provoca un aumento de los alquileres o del coste habitacional de la ciudad.

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