“Tik Tokrizando derechos”: mostrar irresponsabilidades, sacudir conciencias

Alma D. Bautista Ramos

“Tú puedes sola”, “no necesitas a ningún hombre para sacar adelante a tus hijos o hijas”, “la vida se lo cobrará”, “no te rebajes a una limosna”: son las frases recurrentes para justificar que los padres eludan su responsabilidad y, evitar así, la exigencia de un derecho. Se vulnera el derecho de madres, hijas e hijos, y se legitima la irresponsabilidad paterna.

“Tik Tokrizando los derechos”

La pandemia trasladó la convivencia y socialización con las personas a espacios digitales. Y yo no fui la excepción. Cuando descargué Tik Tok, (sacudir la música) una plataforma donde puedes dejar a un lado tus problemas y ver parodias o excentricidades en videos cortísimos de máximo 60 segundos, lo hice porque se puso de moda entre jóvenes, porque mi sobrina me hablaba de ella, por pura curiosidad.

Con el uso, me fui dando cuenta que esa aplicación, en la cual coincidimos 19.7 millones de personas usuarias en México y de las cuales 45% son hombres y 55% mujeres, podría ser una buena herramienta para promover los derechos humanos, que es a lo que me dedico. Pero luego me di cuenta que en su mayoría esos temas no se vuelven “trending” (tendencia). Además, no confiaba mucho en hacer clips porque ¿cómo iba yo a aparecer haciendo bailes en Tik Tok?, si la sociedad adulto-céntrica, machista y patriarcal espera un comportamiento diferente de una “abogada”, “profesionista”, “mujer”, “joven”. Por eso, no le puse tanto empeño.

Sin embargo, hace unos días subí en mi cuenta de Tik Tok una parodia sobre una contestación de demanda de alimentos para una hija, en la cual el padre o acreedor alimentario dice que “no tiene trabajo” y que quien demanda es “mala madre”. La parodia, basada en hechos reales, es “graciosa” para el espacio y por la forma de evidenciarlos, pero escondía una gran tragedia: la respuesta.

El mismo día en que subí el video, es decir, en menos de 24 horas, más de 2,000 mujeres seguían mi cuenta. Se sentían identificadas. “Sí soy”, “a mí me contestó lo mismo”, “a mí me inventó cosas”, “a mí también me la aplicaron”, “así me pasó”, “siempre contestan lo mismo”, “pensé que era la única”, eran algunos de los comentarios más constantes que dejaron; sin embargo, detrás de unos segundos de risa sabían que en el fondo no era ninguna gracia identificarse con esa experiencia.

La mayoría me envió mensajes; me dejaron comentarios sobre sus situaciones personales, me mandaron cientos de solicitudes de mensajes privados en Tik Tok, en Facebook: mujeres de Jalisco, de Ciudad de México, de Veracruz, de Hidalgo y desde Estados Unidos, mujeres mexicanas, migrantes. La única razón: habían encontrado la confianza de pedirme apoyo, orientación o ayuda para poder tomar una decisión respecto al incumplimiento de los padres para con sus hijos, situaciones de violencia, amenazas. Dos se acercaron para pedir apoyo a posibles casos de tentativa de feminicidio.

“Las malas madres”

Derivado de esas experiencias, busqué información sobre la negativa de pensión alimenticia, una de tantas violencias que hay en el país. En México viven 126’ 014,024 personas, de las cuales 49% son hombres y el 51% son mujeres (INEGI, 2021); es decir, que son mujeres poco más de la mitad de la población mexicana.

Las mujeres nos hemos enfrentado a diversas barreras para poder ejercer nuestros derechos, desde la falta de reconocimiento hasta la plena efectividad, ya que nos enfrentamos a una sociedad que nos ha sometido en una relación de subordinación, de desventaja. Y si el camino ha sido difícil para disfrutar plenamente de nuestros derechos, para poder hacer válidos los derechos de hijos e hijas ha sido el doble.

De acuerdo con el Comunicado de Prensa CGCP/128/16 de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en México los matrimonios duran aproximadamente nueve años; una de cada tres familias es monoparental, es decir está compuesta por un solo progenitor o progenitora; 67% de las mujeres madres solteras no reciben pensión alimenticia, y sólo una tercera parte de las madres reciben el recurso necesario para alimentar a sus hijos[1] (CNDH, 2021).

Esta situación se reflejaba en ese genuino acto de Tik Tok, que incidió en la demanda de apoyo colectiva. De esa experiencia, de la propia y de la observancia al tema destaco tres puntos que son una constante.

 Los estereotipos de género

El estereotipo de género es una opinión o un prejuicio generalizado acerca de las características que hombres y mujeres poseen o deberían poseer, o de las funciones sociales que ambos desempeñan o deberían desempeñar (ONU, 2021).

Es decir, son aquellas conductas que espera la sociedad o la cultura que llevemos a cabo por el simple hecho de ser mujer o de ser hombre.

Los estereotipos asignados a la mujer repercuten en la exigencia de sus derechos. Muchas mujeres no demandan alimentos por una inseguridad relacionada con los estereotipos, ya que se nos ha enseñado que la mujer debe ser sumisa, sencilla, austera, paciente, servicial, y sobre todo, se nos ha asignado el cuidado y crianza de las y los hijos de manera mayoritaria o absoluta.

La sociedad nos ha hecho creer que la madre que demanda, es porque quiere destruir de manera económica al padre, o que la madre que demanda es porque no tiene vergüenza, porque no tiene dignidad, porque no se valora, o porque “no puede sola”. Es un doble discurso al que la sociedad somete a las madres. Por un lado, se espera sumisión, y por el otro, fortaleza, demostrar que puede criar y mantener sola a un hijo o una hija.

Ese discurso solamente ha quitado la carga a los padres, construyendo así paternidades irresponsables. En cambio a las mujeres las aleja del pleno ejercicio de sus derechos humanos y de la exigencia de los derechos de sus hijas o hijos. Hasta la fecha, ese discurso incide de manera contundente para que muchas mujeres no hagan uso de estos mecanismos de garantía.

La mujer madre que decide demandar al padre, la mujer que denuncia a su agresor, es la misma mujer que cuestiona, es la misma mujer que corrige, que discute, que defiende sus derechos y los derechos de otra persona; es la misma mujer que toma decisiones, que actúa, que exige, y eso incomoda, irrita, desagrada al sistema, a las ideas preconcebidas de cómo debe portarse una mujer; transgrede el estereotipo que la sociedad demanda, el que nos ha enseñado que la mujer debe ser sumisa, tranquila, debe obedecer, debe conformarse y callar. Porque si hace lo contrario es la loca, es la enferma, es la cualquiera, es la que toma, la promiscua, la “mala madre”.

Las amenazas y violencia

El segundo factor es que en su mayoría las mujeres deciden demandar la pensión después de mucho tiempo, tiempo en el que reciben amenazas. Así que por un lado, hablamos de que muchas deciden no demandar y asumen la responsabilidad de crianza y sustento solas, pero las que sí deciden hacerlo, no lo hacen de manera inmediata y, por lo regular, han vivido violencia.

Quienes demandaron, manifestaron haberle exigido de muchas maneras al padre de sus hijos que cumpliera su obligación: algunas esperaron dos años, otras tres, e incluso hasta diez o doce años para decidirse a hacerlo.

Las respuestas que obtenían del padre ante la solicitud eran simples: “si me demandas, te quito a los niños o niñas”, “no te daré nada”, “me saldré de trabajar”, “no tengo dinero”, “no tengo trabajo”, “tu te malgastarás el dinero”, “seguro alguien te está aconsejando”; o, en el peor de los casos, “demándame y diré que estás loca y maltratas a los niños”. En el peor de los casos recibieron amenazas como “me demandas y te mato, me desaparezco de sus vidas”.

Argumentos machistas

La mayoría de mujeres que sí decidió demandar la pensión alimenticia de sus hijos o hijas, y acudió a un órgano jurisdiccional, se sintió identificada en las respuestas que dieron los hombres en su contestación de demanda. Los argumentos eran los mismos en Jalisco, en Ciudad de México, Hidalgo, Veracruz, Oaxaca, y seguramente en más estados de la República, y deben de obrar en los archivos de los juzgados respectivos: “está loca, siempre miente, yo sí le he dado dinero”, “ella anda de loca con hombres”, “descuida a mi hijo/hija, se va a gastar el dinero con sus amigos”, “no tengo tanto dinero”, “si mi hijo/hija no gasta mucho”.

El origen es el mismo: los estereotipos que muchas veces encuentran eco en las familias de la persona demandada, que a la vez invisibilizan estos actos, y de esa manera van reproduciéndose, y abona a que la persona que actúa de manera irresponsable no se cuestione ni se replantee su actuar; estereotipos que no permiten reflexionar sobre el sentido de importancia de la niñez, e impactan de manera negativa a las mujeres, ya que nos descalifican, minimizan en credibilidad y reafirman la sobrevalorización de lo masculino sobre lo femenino, perpetuando las desigualdades. 

“Otras barreras”

Si bien los estereotipos son la base de muchas violencias, incluyendo la económica, existen muchos factores más que se agregan e impiden a las mujeres acceder a la pensión alimenticia, entre ellos está el factor económico, el desconocimiento de sus derechos y la falta  de sensibilización de los operadores y operadoras jurídicos

 Las mujeres ganan menos

La llamada brecha salarial de género es una realidad. Una de las razones que expusieron las mujeres para no demandar, es que no cuentan con los recursos suficientes para pagar los servicios de un abogado o abogada. 

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, las mujeres en el mundo ganan 23% menos que los hombres. A nivel país, las entidades en las cuales las mujeres perciben mayores ingresos son Sinaloa ($9,591), la Ciudad de México ($7,106), Baja California Sur ($7,059) y Chihuahua ($7,033); mientras que, como es de esperarse, en Guerrero ($2,741), Chiapas ($2,936) y Oaxaca ($3,053) las mujeres ganan menos (INMUJERES, 2021).

Además de la desventaja que existe en el ámbito laboral para las mujeres, en su mayoría siguen desempeñando jornadas dobles o triples, sobre todo ante el contexto de pandemia, pues cumplen el rol de crianza, trabajan para el sustento del hogar, realizan labores domésticas y ahora se suma la educación escolar.

Desconocimiento de los derechos

Al solicitar asesoría es porque no se tiene claro el procedimiento, y no se tienen reafirmados los derechos que se tienen como personas. Se ve a la pensión alimenticia como un conflicto que atenta contra la estabilidad del hombre o su estatus quo, y no como un derecho que tienen las niñas, los niños y adolescentes para su desarrollo integral. Se ve a la convivencia como un escudo que puede estar a arbitrio o capricho de uno de los progenitores, y no como esa necesidad y derecho de las personas menores de edad de poder convivir y pasar momentos y crianza con ambos progenitores.

Falta de sensibilización 

En algunos casos se evidenció la falta de sensibilización en temas de género de las personas que pertenecen a las instituciones del Estado, al reproducir estereotipos, o prejuicios contra las mujeres que ejercen sus derechos. Y finalmente, las y los abogados, familia del demandado o testigos, que se prestan a presentar falsos testimonios ante las autoridades porque ven estos juicios como planos de guerra, en los cuales uno gana y otro pierde, y no como soluciones pacíficas e institucionales de resolver conflictos. Así, abonan a seguir reproduciendo los estereotipos, la corrupción y la violencia que tanto daño han hecho, y a reafirmar ese pacto patriarcal, alianza, complicidad que protege las actitudes machistas.

Las mujeres que sí sobrepasan los obstáculos aquí narrados y tal vez otros más, se enfrentan a pensiones que no son proporcionales, ni suficientes para mantener el estándar de vida de sus hijos e hijas.

Así que mientras abonemos a una sociedad indolente, donde los gobiernos no ponen en el centro de las políticas públicas esta problemática invisibilizada y asuman su responsabilidad en la solución de estas violencias; mientras los recursos públicos no estén enfocados a la solución y apoyo a las víctimas de violencia económica; mientras la sociedad continúe perpetuando el doble discurso contra las mujeres, se siga reafirmando pactos patriarcales y reproduciendo las raíces, es decir, los estereotipos y la violencia de género, seguiremos teniendo paternidades irresponsables, infancias invisibles y maternidades sobreresponsables.

[1] Es necesario puntualizar que en la búsqueda web no se encontraron desagregados datos específicos, más recientes, o de otras instituciones, lo que evidencia la necesidad de poner en el centro de la política pública esta situación, para generar diagnósticos y bancos de datos suficientes.

Bibliografía

CNDH. (05 de junio de 2021). Comisión Nacional de Derechos Humanos. Obtenido de Comisión Nacional de Derechos Humanos: https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/doc/Comunicados/2016/Com_2016_128.pdf

COCKTAIL, A. d. (05 de junio de 2021). COCKTAIL. Obtenido de Agencia de Marketing Digital COCKTAIL: https://cocktailmarketing.com.mx/estadisticas-de-tiktok/

INEGI. (05 de junio de 2021). Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Obtenido de Censo de Población y Vivienda 2020: http://cuentame.inegi.org.mx/poblacion/habitantes.aspx?tema=P%20]

INMUJERES. (05 de junio de 2021). Instituto Nacional de las Mujeres. Obtenido de Brecha Salarial de Género en México: http://cedoc.inmujeres.gob.mx/documentos_download/101271.pdf

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1 comentario

Jorge Pech Casanova

junio 30, 2021

Muy bien que se exponga esta vulneración a los derechos de madres jefas de familia y de sus hijas e hijos. Es necesario que las instituciones obliguen a los hombres divorciados a cumplir sus obligaciones para con sus hijas e hijos.

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