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junio 26, 2017 Comentarios (0) Política, Política y gobiernos, portada

Inversiones y desarrollo, la contradicción en el Istmo de Tehuantepec

Eólicos-Aerogeneradores

Rocío Flores

OAXACA, Oax. Inversionistas, presidentes municipales del Istmo, legisladores y funcionarios estatales y municipales, firmaron un acuerdo el pasado jueves 22 de junio para potencializar la inversión eólica en el Istmo de Tehuantepec. A escasos metros del lugar, del otro lado del zócalo, representantes de distintas comunidades de esa misma región y organizaciones sociales manifestaban su rechazo y su preocupación por el impacto que la industria eólica y minera tienen en sus comunidades.

El acuerdo pactado entre el gobernador y las autoridades municipales de Asunción Ixtaltepec, El Espinal, Juchitán, Santo Domingo Ingenio y Unión Hidalgo, lugares donde se ubica la zona con mayor potencial para general energía eólica por las condiciones del viento, precisa que estas autoridades deberán generar las condiciones en materia fiscal, de protección civil, registral y social, para desarrollar los proyectos de inversión.

Alejandro Murat destacó que Oaxaca produce el 90 por ciento de la energía limpia en el país. La intención dijo, es duplicar la energía que se produce en la zona, porque beneficia al estado, aunque no precisó la inversión que esta industria deja a Oaxaca.

“De ahí la importancia para crear las condiciones necesarias para abrir la inversión, con apego irrestricto a la legalidad y diálogo con las comunidades istmeñas”, dijo el titular del gobierno estatal en turno.

Por su parte el secretario de Energías, Medio Ambiente y Desarrollo, José Luis Calvo Ziga confirmó que en Oaxaca existen 24 parques eólicos, lo que lo convierte en uno de los estados que más aporta energía de eólica al país.

En este marco, el gobernador tomó protesta a integrantes del Consejo Estatal de Energía, órgano que se encargará de establecer los mecanismos y rutas para promover la inversión de energías limpias en Oaxaca.

“Debemos reconocer a los presidentes municipales, ya que sin la voluntad de sus pueblos no podríamos concretar las inversiones, inversiones incluyentes que vendrán a traer beneficios a sus comunidades”.

Mientras esto sucedía, del otro lado del parque de unas 20 organizaciones sociales y representantes de comunidades de esa misma región, en donde planean desarrollar estas inversiones, analizaban el impacto de las Zonas Económicas Especiales.

De espaldas a la catedral de la ciudad, manifestaron que la región del Istmo de Tehuantepec ha sido una especie de laboratorio donde las ideas de progreso y modernidad  en voz de gobernantes y empresarios han ido permeando en la sociedad y afectando el medio ambiente desde hace 10 décadas aproximadamente desde la entrada del ferrocarril hasta las eólicas y desarrollo de mineras.

Los representantes de los colectivos y pueblos señalaron que las inversiones y desarrollo anunciados en ese tiempo han justificado la imposición de otros modos de vida ajenos a las comunidades que ahí radican, citaron como ejemplo, la Presa Jalapa del Márques, la refinería Antonio Dovalí y desde hace algunos años los parques para la producción de energía eólica.

“Hoy se continua con esta tendencia, se promueve la Zona Económica Especial (ZEE), las inversiones eólicas y mineras, los argumentos son los mismos: empleo y desarrollo. Sin embargo, nos preguntamos ¿cuál es la zona? ¿Para quién es especial? ¿Qué proyecto económico impulsa?”, cuestionaron representantes de colectivos.

En el mismo espacio, del lado de la Catedral, Ramón Benjamín, investigador de Panamá, expuso algunas de las similitudes que observa en entre el Canal de Panamá como zona de tránsito y la propuesta de las Zonas Económicas Especiales.

Dijo que Panamá ha tenido una función a lo largo de la historia que podría asimilarse con el contenido de la ley de las Zonas Económicas Especiales de México en cuanto al control del territorio, a los beneficios e incentivos para la explotación de la zona y de las personas que ahí viven, y lo que es “una concesión de la soberanía a terceros actores”.

Derivado de un análisis sobre la Ley de las ZEE en México, expuso que en esta propuesta se promueve como una opción del desarrollo a través del crecimiento económico sostenido en beneficio de las personas, del trabajo, de la productividad mayores ingresos, pero advirtió que si se toma como ejemplo de éxito a Panamá hay que ver mucho más profundo.

Panamá, dijo, tiene una tasa envidiable de crecimiento económico pero el problema es el indicador, se mide el crecimiento económico pero no contempla el costo social y ambiental del llamado desarrollo.

Si bien Panamá es el séptimo país de Latinoamérica en producto interno bruto per capita en 2016, también es el sexto país del mundo en nivel de desigualdad. Explicó que el modelo de éxito panameño tal y como lo establece la ley federal aquí y las similitudes históricas, ha producido números macroeconómicos fabulosos pero realidades sociales desiguales.

La iniciativa de las ZEE es una propuesta del presidente Peña Nieto, su gran proyecto económico que ha dicho, resolverá la desigualdad y la pobreza.

La investigación denominada Desigualdad extrema y tendencias de desarrollo. El caso del estado de Oaxaca, México presentado por la organización OXFAM, señala que estos proyectos económicos que se han implementado en la zona del Istmo, contemplada en la Ley de Zonas Económicas Especiales, benefician sólo a una pequeña parte de la población lo que hace que las brechas de desigualdad se amplíen y en algunos casos se profundicen.

 

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