Shinzaburo Takeda, un viaje en busca de la originalidad

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Fotografía: Carmen Pacheco

Al artista japonés Shinzaburo Takeda le resulta difícil explicar cuáles son los elementos de la cultura oriental y la cultura de los pueblos originarios de Oaxaca que se vinculan en su obra. Pero se advierten las respuestas en un suspiro profundo, en su mirada surcada de experiencia, en el color y en las líneas que traza desde un espíritu que parece compenetrado por todos los soles,  por el imaginario y las distintas realidades de las regiones del estado.

Sin embargo, algo tiene claro: su lugar en las artes plásticas de estos días y su labor como guía de generaciones de artistas jóvenes o estudiantes de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), a quienes orienta en lo que él llama la creación del “arte campesino”, que luego explica, es el arte que viene del campo, del lugar dónde vivimos. “Porque yo soy un campesino, hijo de la tierra”, dice. Shinzaburo Takeda (Seto-1935) es uno de los grabadores y pintores contemporáneos más importantes en México. Llegó al país para conocer “el arte revolucionario” y en su camino como artista decidió que quería ser oaxaqueño.

一Tal vez (para responder a ese vínculo) tengo que explicar una larga historia一 advierte al inicio de la entrevista.  

Inmediatamente después hace uso de lo que parece una memoria prodigiosa y relata que llegó en 1963 a México, después de estudiar en la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio. 

En la capital del país一cuenta一 concentró su atención en aprender del muralismo, este movimiento artístico iniciado en México a principios del siglo XX  que se caracterizó por la utilización de grandes superficies murales para la expresión plástica de contenido educativo y político, en las que el artista plasmaba su visión sobre la identidad nacional, la situación social y política del país. 

De los pocos libros existentes en esa época aprendió lo necesario. Luego estudió pintura mural en la Academia de San Carlos y posteriormente litografía en la Escuela Nacional de Artes Gráficas. En ese tiempo ya había fallecido Diego Rivera, uno de los pintores más representativos de ese movimiento artístico. Pero conoció a David Alfaro Siqueiros y a Rufino Tamayo. 

Más tarde realizó sus primeras exposiciones en el Distrito Federal, ahora Ciudad de México. De esa experiencia destaca la curiosidad de los periodistas.

一 Siempre estaba enfrentando a periodistas que me decían. “Oye tú, ¿para qué vienes aquí a México?” Entonces inmediatamente respondía:  vengo a estudiar pintura mural, técnicamente, pero en realidad el arte revolucionario. 

Pero más en el fondo, confiesa, lo que venía buscando era la originalidad, que  no está en San Carlos, ni en la técnica que enseñan en las escuelas o universidades, está en el lugar donde nació la gente, donde cultivaban, en el origen, “como en donde construyeron las pirámides”, dice.

Durante el primer periodo de su estancia en el país, Takeda  comenzó a viajar por toda la República, desde la Sierra Tarahumara al Noreste de México hasta el Sur. 

一 Conocí parte de la cultura tarahumara, huichol, cora. Luego conocí Chiapas. Bueno en realidad iba donde están los grupos indígenas, porque como hijo de campesino era más fácil coincidir. Mi idea era conocer el verdadero concepto de originalidad, yo veía que no estaba en la escuela, sino en la tierra misma.

En su atropellado español, al que él llama “japoneco” —de japonés y zapoteco—,  Takeda cuenta que en un día normal de los pueblos  la gente no está andando, como en las ciudades. Todo está tranquilo. “Puro sol nada más, pegadito. Todos se van al campo a trabajar. Es natural”. Pero cuando hay fiesta o feria llegan todos los familiares, toda la gente,  empiezan a tomar cerveza y a bailar algo tradicional.

一 Para mí como extranjero era algo especial. Participar en las fiestas me permitió sentir al pueblo mexicano. Desde luego visité Chiapas y Oaxaca, aunque con poca información de dónde era la fiesta, de todos modos la encontré. Fue ahí que sentí y que supe de alguna manera: ese es el sentido del verdadero ser humano. Yo mismo comencé a descubrir mi sentimiento como hijo de la tierra. Lo que nos hace humanos. Ese es mi verdadero estudio, más que aprender español, o pintura mural.

Ambos soltamos una carcajada que resuena en  la galería “La Mano Mágica”, la cual exhibe la obra del artista, porque, hay que decirlo, la conversación se tornó muy divertida, él haciendo el esfuerzo por utilizar las palabras exactas para compartir su sentir y la reportera tratando de entender sus palabras en “japoneco”.

一Tú que lengua hablas, de dónde vienes一, pregunta el artista.

一Soy zapoteca.

一Ah, entonces usamos el mismo lenguaje一 bromea. Sonríe.

一 Entonces… ¿encontró su escuela en todos las distintas culturas que conoció?

一 Sí, exacto.

Durante su estancia en la capital del país, ocurrió la Olimpiada de México del 68, recuerda Takeda e indica que fue en ese periodo cuando comenzó a trabajar en el Museo de las Culturas en Moneda 13, (en la Ciudad de México) donde estaba antes el Museo de Antropología, que ahora está en el bosque de Chapultepec.  El artista narra que posteriormente surgió el Museo de las Culturas del Mundo y comenzó otra etapa como especialista de la cultura asiática.

一 ¡Órale Takeda entra ahí colabora con nosotros! me dijo el director. Y suerte que tengo, encontré un montón de antropólogos y arqueólogos, todos eran jóvenes de 20 o 25 años. Ellos me enseñaron, no por la palabra, sino a través de la acción. Me afectó muy bien. Muchas gracias Dios.

El artista agradece recurrentemente cada una de las experiencias que han forjado su presente. Por ejemplo, comenta, gracias a su trabajo en el Museo y a los jóvenes antropólogos se formalizó su pensamiento.  Pero al cumplir 10 años decidió renunciar.

一 Se cumplió mi misión. “Lo siento, dije,  yo quiero independizarme para ser un artista. Renuncié. y vine para Oaxaca. Pero mucho cuidado, cuando estoy hablando de Oaxaca no me refiero a la capital. Viaje de México a Acapulco y luego por toda la Costa hasta llegar a Pinotepa Nacional. Después conocí Pinotepa de Don Luis y ahí abrí los ojos para ser artista. Ahí nació mi  sentimiento para ser artista de verdad. Quise vivir ahí para conocer la vida cotidiana, y ahora puedo decir que en ese lugar está mi familia espiritual. Mi compadre, mi comadre.

一 Desde  ahí comencé a convivir con estos temas一 añade.

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Foto: Cortesía de La Mano Mágica

El artista mira de reojo la sala donde penden de las paredes, piezas que revelan el vínculo que establece con la gente de cada una de las comunidades que ha visitado durante su estancia, de más de 40 años en el estado. Detiene la vista en una pieza con elementos simbólicos del Istmo de Tehuantepec. Ahí tengo una hermanita, dice.

 一 ¿Sus vínculos con cada región parecen muy fuertes?

 一 Sí, exactamente, con ese sentido de familiarismo, o no sé cuál es la palabra correcta, pero con ese sentido me he relacionado y me gusta mucho. Tengo amistades y muchos familiares espiritualmente hablando.

一 En su obra hay referencias, imágenes simbólicas, ambientes festivos de la cultura mixteca, zapoteca, ikoot; rostros y cuerpos, que su amigo del Istmo de Tehuantepec, Manuel Matus  Manzo describe como una curiosa realidad en combinación animalina, como ese mito de los binniguláza, de tener la capacidad de la trasmutación de los seres. Parece que es a través del cuerpo como se ha vinculado y conectado espiritualmente con Oaxaca.

一 Exacto. Estoy de acuerdo.  Pero yo no puedo hacer abstracción. Para mi es más importante lo real. Lo siento mucho, yo no puedo brincarlo. Puedo hacerlo solo en un mundo de abstracción, pero a la vez de realidad. Hay una unidad. Yo no quiero romper la armonía que estamos viviendo con la naturaleza. La convivencia siempre me ayuda.

Foto: Cortesía de La Mano Mágica.

 一 A propósito de estos tiempos de fiesta, ahora como oaxaqueño ¿qué significado tiene para usted la Guelaguetza?

 一 Guelaguetza es cohabitar con la naturaleza, nada más. El  turismo también es una parte, es un modo del capitalismo, pero no quiero hablar de eso. Lo único que puedo contar es sobre lo real: somos todos habitantes de esta tierra, nos alegramos por la lluvia, sufrimos por lluvia, por sequía. Lo que quiero decir es, no venimos a conquistar la naturaleza, siempre debemos buscar el convivio. 

Como oaxaqueños que somos, o yo sintiéndome oaxaqueño, tal vez somos cabezas duras. Conservadores de nuestra belleza y al mismo tiempo el respeto a la naturaleza y a los dioses. Quizá soy muy tonto, pero decidí vivir así. Y ofrecer la belleza de los oaxaqueños de las oaxaqueñas.

 一 ¿Por qué?

 一 Es mi propósito, mi destino espiritual. Imagínese cuántos tengo aquí más de 40 años. En México más de medio siglo. Ya no quiero regresar a mi tierra natal de cuerpo. Porque mi tierra natal espiritual es aquí y me pega más fuerte. Tengo mucho sentimiento con esta tierra donde vivo.

La obra del artista Shinzaburo Takeda se exhibe en la galería la Mano Mágica ubicada en Macedonio Alcalá 203, en la capital del estado.

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